Microrrelato

Bilbao en un futuro muy, muy lejano…

WhatsApp Image 2017-09-18 at 12.40.38En la presente edición del certamen de relatos ilustrados KazetaBao, y trás la entrega de premios de ayer, la ilustradora Amaia Ballesteros y un servidor no hemos podido repetir aquel Primer Premio que nos llevamos el año pasado en la edición con premisa erótica del mismo certamen (pincha aquí para recordar la noticia y poder ver la ilustración y el relato con el que ganamos el año pasado).

En esta edición el erotismo dejaba paso a la distopía y la ciencia ficción. “Bilbao 2984” era el lema del certamen. Una visión de la ciudad en un futuro muy, muy lejano en un máximo de 30 líneas.

A pesar de que esta vez no nos hemos llevado el gato (negro) al agua, nuestra ilustración y relato nos gustan mucho (qué le vamos a hacer si son nuestras criaturas), así que comparto a continuación nuestro trabajo:

 

BILBAO, 800 B.A.

La mano que acariciaba a Kepa tenía una cálida intención, aunque su tacto resultaba frío e impersonal. Se despidieron, como cada mañana, con la promesa de volver a verse al anochecer. Izar le dedicó unas palabras de ánimo, pero su aliento no lo alcanzó: “Sólo es un paripé, laztana. Verás qué rápido pasa”. Fin de la transmisión multisensorial.

En el puente de Areatza los peatones paseaban a ras de suelo gracias a la ropa aislante estabilizadora. Algunos se detenían al pasar junto a Kepa: palmadas en el hombro y palabras de cortesía en lengua de signos. La práctica totalidad de la población se reunía frente a un escenario en la plaza de Arriaga. Subió al tablado junto al maestro de ceremonias que histriónicamente y en absoluto silencio comenzó su discurso: (más…)

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El punto final

El punto final 2Mi nombre es Ulises, soy tan joven que mi vida podría contarse en quince palabras, en un párrafo de apenas dos líneas, o en una frase de unas ciento treinta letras.

Siento la necesidad de conocer a mi padre. La idea ha surgido de la nada, como si, involuntariamente, le hubiese arrebatado ese deseo a otra persona. O como si esa persona hubiese proyectado su anhelo en mí.

No sé muy bien dónde buscar. Estoy en medio de un paraje sin principio ni fin, rodeado de árboles formados por símbolos que no comprendo. Camino por un sendero blanco en este extraño bosque creciente. El cielo es del mismo color níveo que el suelo que piso. Mi cuerpo es pequeño y está cubierto por una capa llena de esos símbolos incomprensibles. Y también de tachones.

Sigo caminando hasta que veo a alguien. Es un anciano encorvado que se mantiene en pie gracias a un bastón mellado. Me acerco y observo su frente: está cubierta por pequeñas olas de piel que se mueven despacio pero de manera visible. Cuando me acerco lo suficiente escucho una frágil voz.

—Hola joven, ¿tú también le buscas?

—Creo que (más…)

Relato seleccionado para Kultur Dealers

 

Kultur DealersHace unos días me dieron la noticia: uno de mis microrrelatos había sido seleccionado por el jurado para formar parte de la iniciativa Kultur Dealers.

Se trata de un programa desarrollado por la Diputación de Gipuzkoa que consiste en una selección de relatos, a manos de un jurado, que serán distribuidos a través de máquinas expendedoras situadas en distintos puntos del territorio. Estas máquinas expendedoras son gratuitas y estarán situadas en lugares estratégicos de tránsito y/o espera (estaciones, hospitales, centros culturales,…) para que cualquiera que se acerque a ellas pueda leer alguno de los relatos seleccionados. Basta con pulsar un botón y, de forma aleatoria, se imprimirá uno de los relatos que podrás leer cuando y donde más te apetezca.

A continuación (haz click donde pone: “más…”) os dejo el “pantallazo” de mi relato, extraído de la web de Kultur Dealers: http://www.kulturdealers.com/es/, que además ha sido seleccionado por el jurado, junto a unos pocos relatos más, para ser traducido al inglés y francés y distribuido también en esos idiomas. (más…)

Soy Víctor

Soy VíctorSe bebió el tercer whisky de un trago y miró la televisión de aquel tugurio en el que pasaba los días.

“Noticia de última hora desde el Hospital del Sector 7: tras haber sido anulado el recuerdo, el paciente ha despertado hace apenas una hora en estado amnésico. Ni siquiera recuerda su propio nombre”.

Era la noticia que llevaba días en boca de todos: la operación de un joven al que le iban a extirpar un doloroso recuerdo mediante una revolucionaria intervención quirúrgica.

Rechazó el whisky que le ofrecía la camarera, sacó la cartera del bolsillo y, al abrirla, observó las tres fotos de Sara que tapaban su carnet de identidad. La más reciente tenía un año: ella aparecía en la cama del hospital pero su sonrisa resplandecía como una gota de rocío a punto de ser engullida por la tierra. Deslizó a un lado las fotos y leyó su nombre en la tarjeta identificadora.

—Víctor García Marina —susurró.

—¿Me has dicho algo? —preguntó la mujer al otro lado de la barra.

—Soy Víctor.

Pagó, le devolvió la sonrisa a la camarera y salió del bar.

 

Andoni Abenójar

Ilustración de Laura Abenójar

Pertenencias

Pertenencias 2—Fue un harakiri limpio y completo —dijo Takeda a su señor—. Aquí tiene el cofre que desapareció anoche. En él introdujo su nota de despedida.

El señor leyó:

Las monedas de oro que llenaban el cofre ya no forman parte de tu fortuna. Son ahora el futuro de mi familia.  Ellos tampoco te pertenecen; ni Yuriko ni los niños. Están lejos. Mucho más allá de tus fronteras. Que mi sangre sea el precio de la deshonra.

Las lágrimas se deslizaron por el rostro del señor. Los vasallos comprendieron la decepción de verse traicionado por su mejor samurái. Él, ajeno a la condescendencia que le rodeaba, acariciaba en su bolsillo el collar que ella rechazó.

Andoni Abenójar

Ilustración de Laura Abenójar

Vértigo

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Asómate a mi mar.

Confunde su azul con el cielo.

Mar tranquilo y sosegado.

Mar eterno

               (Miguel Hernández)

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Tantas palabras huecas de eslogan de anuncio de seguros: “no te aferres al pasado”, “piensa en tu futuro”, “paciencia, todo va a mejorar”, “volverás a encontrar a alguien”,… Pero solo a ti te escucho.

Aquí estoy de nuevo ante tu invitación. Me acerco a ti, despacio. La visión del azul de tus profundidades, que anuncia riesgo a quienes ven aristas en las nubes, me aboca a la antigua calma de tu abrazo.

“Asómate a mi mar” me dices. Palabras llenas de tu mirada. Y asomado a mi locura —eso dirán cuando ya no pueda replicar—, te hago caso. Estoy tan cerca de ti que mis pies han dejado de tocar el suelo. Sentado en lo alto de la barandilla, al borde del acantilado, mantengo el equilibrio igual que vine al mundo: de nalgas. El movimiento pendular no acaba de decidirse por un lado de la balanza: el miedo a la caída y el deseo de caer.

“Asómate a mi mar”. Repites. Me acerco más, cierro los ojos y en el añorado vértigo, te beso, mar eterno.

Andoni Abenójar

¡PRIMER PREMIO EN EL 3º CERTAMEN DE RELATOS CORTOS ilustrados KAZETA-BAO!

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Anoche en el Bar Kazeta de Bilbao se llevó a cabo la entrega de premios del 3º Certamen de relatos cortos KazetaBao. Bajo el lema “Erotismo y sensualidad en Bilbao”. El reto consistía en escribir un microrrelato acompañado por una ilustración.

Después de un rato de nervios e incertidumbre compartido con amigas, también galardonadas, de la asociación literaria El espíritu de la Alhondiga, el conductor del evento anunció el plato fuerte de la noche: el primer premio del jurado.

And the Oscar goes to…

Y así fue que La columna 44, relato escrito por mi e ilustrado por mi amiga Amaia Ballesteros, se alzó con el galardón.

A continuación os dejo el relato e ilustración premiados.  (más…)

La caricia del gato negro

Bienvenidos a La caricia del gato negro. Un blog con el que pretendo compartir mi trabajo en forma de relatos además de diferentes contenidos relacionados con el arte de contar historias, ya sea de forma literaria o por otros medios de expresión. Y para inaugurar el espacio, os presento el microrrelato que da nombre a esta bitácora:

Gato negro

Entró en la biblioteca y cerró la puerta antes de que la sombra alcanzase el umbral. Con la mano trazó un símbolo sobre la madera sellando el paso. Se acercó a una ventana en cuyo alféizar esperaba el gato negro, que comenzó a frotarse contra su cara. Durante aquella sutil caricia, el hombre le transmitió, en silencio, lo observado al otro lado de la puerta.

—Adelante viejo amigo —susurró— ve y cumple por última vez con tu misión. Les dimos a conocer los otros mundos. Ahora alguien debe escribir y prevenirles. Ella no tardará mucho en abrir los portales.

El gato regresó a la ciudad. Él observó la enorme estantería llena de literatura fantástica. Recordó con nostalgia los inicios, cuando envió al gato negro a hacer sus primeras visitas. El joven Edgar fue el primero de muchos. En la estantería solo quedaba espacio para un libro más.

Andoni Abenójar