El olor de la granada

El olor de la granada5

Llevo meses encerrado. Hoy las paredes que me rodean apenas me dejan espacio. La tortura es intensa. Comenzó siendo burda, más obvia, menos dolorosa. Se asomaba, en aquella especie de tragaluces, una versión estática de ella. Su imagen me causaba una gran aflicción: hablaba de lo feliz que era antes y me recordaba todo lo que ya no podía hacer: viajar, reír, abrazar, jugar, amar.

Decidí tapar aquellas claraboyas con la esperanza de que dejaran de atormentarme, y, para mi sorpresa, así fue. Sin embargo las nuevas técnicas de tortura fueron aún peores. Un día al otro lado de la pared escuché nuestra canción. ¿Cómo podían conocerla?

Mi mente viajó a aquel aparcamiento cerca de la playa de Genoveses, en Cabo de Gata. La canción sonaba en la furgoneta y nosotros bailábamos fuera, ebrios de vino y amor. Sentía su piel cálida y salada, la miraba a los ojos sin atreverme a pestañear, sin apartar la mirada temiendo que, de hacerlo, ella fuera a desvanecerse. Una imagen fugaz que pronto se transformó en oscuridad y desconsuelo.

Repitieron este proceso varias veces durante las siguientes semanas. Pero lo peor estaba por venir. Ayer percibí un olor familiar. Era su olor (más…)

La sutura perfecta

La sutura perfecta

Ramón despertó sobresaltado, había escuchado un golpe seco en el exterior, al otro lado de la ventana de la habitación. Se giró hacia la mesilla y observó los dígitos rojos que flotaban en la oscuridad: eran las dos menos diez de la madrugada. Pensó que se trataba de un sueño y trató de seguir durmiendo. Después de unos minutos de marejada de sabanas y mantas, decidió salir a mirar.

 Accedió al pequeño jardín rodeado por el muro de cemento. Lo que observó a continuación le aceleró la respiración. A menos de dos metros de la fachada, bajo la luz de la intermitente farola, había una bolsa negra de al menos dos metros de longitud. Era de un plástico resistente y tenía una cremallera en la parte superior de la que tiró tras un instante de duda. Observó el contenido y se llevó una sorprendida mano a la boca. Miró, primero hacia el cielo, y después en todas las direcciones, y al comprobar que estaba solo volvió a cerrar la bolsa y entró en casa. Se lavó la cara varias veces con agua fría y se pellizcó la mejilla hasta sentir el dolor. En el espejo del lavabo, bajo aquella frente sin principio ni final, sus ojos expresaban lo que las cuerdas vocales no le permitían. Fue al trastero y, entre los utensilios de jardinería, localizó la pala grande. Salió al jardín y trazó en el césped, con el canto de la pala, el contorno de la bolsa. Después la arrastró usando toda la fuerza y (más…)

Adiós mamá

Adiós mama

Al despertar, el olor dulzón a ron mezclado con tabaco le anuncia que ella está cerca. Simula estar dormido, pero no puede engañarla: es su madre.

Hola rata —Así es como le gusta llamar a su hijo.

Se incorpora. Ella está sentada en la mecedora junto a la cama. Con suaves movimientos bajo las frazadas se va alejando de ella, acercándose poco a poco al borde opuesto. Busca separarse a más de un brazo de distancia. Ella lo sabe.

Te vas a caer, ven con tu mami. —Los balbuceos no esconden la contradicción entre sus palabras y el tono hostil en el que las formula.

Obedece y se acerca. Sabe que, de no hacerlo, las consecuencias pueden ser peores. (más…)

Dos días

Dos días_Imagen refranesFue conocida la gente de Villarrefrán por su ingenio y agudeza. No menos conocidos fueron por la mansedumbre y el pulcro respeto por las leyes. Se dice que cumplían con escrúpulo los mandatos municipales, o cualquier directriz que fuese o pareciese ser emitida desde cierta autoridad. Era también gente de poca discreción: uno podía decir, en aparente intimidad, algo que unos minutos después era tema de conversación en la plaza del pueblo o en el bar de Manolo.

Un día el notario le dijo a un cliente: “Ten cuidado con lo que deseas. Podría hacerse realidad”. Fue a partir de ese momento cuando comenzaron a suceder los hechos que se narran.

Al día siguiente el cura se cruzó con Huesos, el perro callejero. No recordaba que aquella pobre criatura estuviese tan plagada de pulgas. Ladraba mirándole con ojos suplicantes. “Pobre perro flaco” pensó “es todo pulgas”. Y siguió su camino.

En el sermón de aquel día, el sacerdote, soltó un categórico: “ojos que no ven, corazón que no siente”. Damián, el ciego, tomó (más…)

¿Quién no conocía a Carlota Black?

Carlota Black 2

No era una mujer de esas que te hace girar la cabeza al pasar a tu lado. Ni fea, ni guapa, su atractivo residía en cualidades bien distintas: era famosa y poseía una fortuna que la situaba entre las personas más ricas del país. En el vigésimo tercer lugar de la lista, para ser exactos.

No me gusta leer, pero había oído hablar de ella, ¿quién no conocía a Carlota Black? Era la escritora de aquella saga de vampiros que estaba arrasando en todo el mundo. La primera vez que supe de ella fue gracias a la portada de la Cosmopolitan: “La mujer de los colmillos de oro”, rezaba el titular sobre una foto en la que aparecía con una capa negra y un murciélago sobre el hombro.

Llevo un par de años intentando hacerme hueco. Me he presentado a varios castings: Ellos, ellas y viceversa, El ojo te ve o Busco novio para mis hijas. Nunca me han (más…)

La mudanza

La mudanza 4Aquella mañana Álex despertó de buen humor. Acababan de mudarse pero aún faltaban los muebles y las paredes estaban desnudas. Se acercó a la cocina y no encontró nada que pudieran desayunar. Decidió salir en busca de una tahona. Lucía y Otto se lo agradecerían.

Le sorprendieron la quietud y el silencio de aquel enorme laberinto de calles y miró extrañado el reloj: eran las diez y media de la mañana. Caminó un buen rato entre las casas, idénticas, de la enorme urbanización, concentrándose en recordar el camino de vuelta. Todos los establecimientos tenían las persianas bajadas. Era domingo, pero no había cafeterías abiertas, ni coches aparcados. Ni siquiera vecinos a los que dar los buenos días. La respiración de Álex se aceleró y tuvo que detener su marcha. Cuando consiguió disipar la confusión, comprendió que debía volver a casa. Atravesó un parque infantil sin niños y en lo alto de un castillo de toboganes observó un cuervo que, al percatarse de su presencia, graznó.

—Señor, esta es una propiedad privada —a su espalda, la voz, (más…)

Para bien o para mal

Para bien o para malSiete tenedores solitarios y siete cucharas acompañadas por otros tantos cuchillos. Todos convenientemente distribuidos. La mesa ya está preparada. Copas de vino y de agua vacías. Varias botellas del mejor Ribera del Duero que he podido encontrar además de un Marqués de Riscal verdejo, afrutado, perfecto para el marisco recién cocido, despedazado y servido.

He invitado a cenar a mis mejores amigos, los de siempre. Sin parejas, sin hijos, sólo ellos y yo. He escogido el menú tratando de agradar a todos. He cocinado unas zamburiñas. Sí, Iván las odia, pero para compensar le he preparado unas croquetas de jamón y boletus.

Siempre han estado conmigo, así son los amigos, para bien o para mal.

He hecho una selección de canciones especiales, de esas que tantas veces hemos cantado juntos: Pink Floyd, The Who, AC/DC, Iggy Pop,…

De entre todas las cosas, el postre ha sido en la que más me he esmerado. Una tarta de chocolate. ¿A quién no le gusta el chocolate? Yo, por supuesto, no podré probarla, entre otras cosas porque soy diabético. Ya me imagino las bromas cuando se la coman y yo tenga que conformarme con un poco de queso fresco y unas nueces. “Al gremlin no le dejéis comer tarta. Ya sabéis lo que pasa…” dirá alguno. Y se reirán. Yo pondré (más…)

La sonrisa escondida

Mona Lisa 10Detrás, el paisaje con el lago y las montañas poseía una gran belleza, sin embargo, apenas perduraba como un recuerdo difuso, neblinoso. Ella prefería mirar al frente. Cada día, sus cansados pero ávidos ojos se deleitaban con las más hermosas obras: retratos de vivos gestos llenos de expectación, curiosidad o tristeza; perfectas danzas de cuerpos y miradas disfrazadas de sutil imperfección; poderosas notas al aire de una discusión disimulada o la suave melodía de unas palabras de amor susurradas al oído.

Pese a que no siempre discernía por completo el significado de lo que observaba, sentía que aquellos enigmas, formaban parte de su propio misterio.

Todas las noches se apagaban las luces y Lisa esperaba, inmóvil, en aquella pared imaginando las maravillas que disfrutaría al día siguiente. Cada mañana, cuando las luces se encendían, apretaba con decoro los labios intentando ocultar una sonrisa de curiosidad.

Andoni Abenójar

Lo que dura un vuelo de viento suicida

Salitre impregnado me trae la brisa

y sueños perdidos de tiempo de risas

recuerdos limpios que afean la herida

que ahora me trae de vuelta a mi orilla.

Del salitre soy, como tú fuiste mía

lo que dura un vuelo de viento suicida.