Dos días

Dos días_Imagen refranesFue conocida la gente de Villarrefrán por su ingenio y agudeza. No menos conocidos fueron por la mansedumbre y el pulcro respeto por las leyes. Se dice que cumplían con escrúpulo los mandatos municipales, o cualquier directriz que fuese o pareciese ser emitida desde cierta autoridad. Era también gente de poca discreción: uno podía decir, en aparente intimidad, algo que unos minutos después era tema de conversación en la plaza del pueblo o en el bar de Manolo.

Un día el notario le dijo a un cliente: “Ten cuidado con lo que deseas. Podría hacerse realidad”. Fue a partir de ese momento cuando comenzaron a suceder los hechos que se narran.

Al día siguiente el cura se cruzó con Huesos, el perro callejero. No recordaba que aquella pobre criatura estuviese tan plagada de pulgas. Ladraba mirándole con ojos suplicantes. “Pobre perro flaco” pensó “es todo pulgas”. Y siguió su camino.

En el sermón de aquel día, el sacerdote, soltó un categórico: “ojos que no ven, corazón que no siente”. Damián, el ciego, tomó (más…)

¿Quién no conocía a Carlota Black?

Carlota Black 2

No era una mujer de esas que te hace girar la cabeza al pasar a tu lado. Ni fea, ni guapa, su atractivo residía en cualidades bien distintas: era famosa y poseía una fortuna que la situaba entre las personas más ricas del país. En el vigésimo tercer lugar de la lista, para ser exactos.

No me gusta leer, pero había oído hablar de ella, ¿quién no conocía a Carlota Black? Era la escritora de aquella saga de vampiros que estaba arrasando en todo el mundo. La primera vez que supe de ella fue gracias a la portada de la Cosmopolitan: “La mujer de los colmillos de oro”, rezaba el titular sobre una foto en la que aparecía con una capa negra y un murciélago sobre el hombro.

Llevo un par de años intentando hacerme hueco. Me he presentado a varios castings: Ellos, ellas y viceversa, El ojo te ve o Busco novio para mis hijas. Nunca me han (más…)

La mudanza

La mudanza 4Aquella mañana Álex despertó de buen humor. Acababan de mudarse pero aún faltaban los muebles y las paredes estaban desnudas. Se acercó a la cocina y no encontró nada que pudieran desayunar. Decidió salir en busca de una tahona. Lucía y Otto se lo agradecerían.

Le sorprendieron la quietud y el silencio de aquel enorme laberinto de calles y miró extrañado el reloj: eran las diez y media de la mañana. Caminó un buen rato entre las casas, idénticas, de la enorme urbanización, concentrándose en recordar el camino de vuelta. Todos los establecimientos tenían las persianas bajadas. Era domingo, pero no había cafeterías abiertas, ni coches aparcados. Ni siquiera vecinos a los que dar los buenos días. La respiración de Álex se aceleró y tuvo que detener su marcha. Cuando consiguió disipar la confusión, comprendió que debía volver a casa. Atravesó un parque infantil sin niños y en lo alto de un castillo de toboganes observó un cuervo que, al percatarse de su presencia, graznó.

—Señor, esta es una propiedad privada —a su espalda, la voz, (más…)

Para bien o para mal

Para bien o para malSiete tenedores solitarios y siete cucharas acompañadas por otros tantos cuchillos. Todos convenientemente distribuidos. La mesa ya está preparada. Copas de vino y de agua vacías. Varias botellas del mejor Ribera del Duero que he podido encontrar además de un Marqués de Riscal verdejo, afrutado, perfecto para el marisco recién cocido, despedazado y servido.

He invitado a cenar a mis mejores amigos, los de siempre. Sin parejas, sin hijos, sólo ellos y yo. He escogido el menú tratando de agradar a todos. He cocinado unas zamburiñas. Sí, Iván las odia, pero para compensar le he preparado unas croquetas de jamón y boletus.

Siempre han estado conmigo, así son los amigos, para bien o para mal.

He hecho una selección de canciones especiales, de esas que tantas veces hemos cantado juntos: Pink Floyd, The Who, AC/DC, Iggy Pop,…

De entre todas las cosas, el postre ha sido en la que más me he esmerado. Una tarta de chocolate. ¿A quién no le gusta el chocolate? Yo, por supuesto, no podré probarla, entre otras cosas porque soy diabético. Ya me imagino las bromas cuando se la coman y yo tenga que conformarme con un poco de queso fresco y unas nueces. “Al gremlin no le dejéis comer tarta. Ya sabéis lo que pasa…” dirá alguno. Y se reirán. Yo pondré (más…)

La sonrisa escondida

Mona Lisa 10Detrás, el paisaje con el lago y las montañas poseía una gran belleza, sin embargo, apenas perduraba como un recuerdo difuso, neblinoso. Ella prefería mirar al frente. Cada día, sus cansados pero ávidos ojos se deleitaban con las más hermosas obras: retratos de vivos gestos llenos de expectación, curiosidad o tristeza; perfectas danzas de cuerpos y miradas disfrazadas de sutil imperfección; poderosas notas al aire de una discusión disimulada o la suave melodía de unas palabras de amor susurradas al oído.

Pese a que no siempre discernía por completo el significado de lo que observaba, sentía que aquellos enigmas, formaban parte de su propio misterio.

Todas las noches se apagaban las luces y Lisa esperaba, inmóvil, en aquella pared imaginando las maravillas que disfrutaría al día siguiente. Cada mañana, cuando las luces se encendían, apretaba con decoro los labios intentando ocultar una sonrisa de curiosidad.

Andoni Abenójar

Lo que dura un vuelo de viento suicida

Salitre impregnado me trae la brisa

y sueños perdidos de tiempo de risas

recuerdos limpios que afean la herida

que ahora me trae de vuelta a mi orilla.

Del salitre soy, como tú fuiste mía

lo que dura un vuelo de viento suicida.

Final alternativo

El volumen de la banda sonora aumenta y el abrazo se rompe. Él la observa, inmóvil, mientras se aleja calle arriba asolada por las sombras del fundido en negro. Los títulos de crédito escalan la pantalla, lánguidos, como si no quisieran perderse en el borde superior. En la sala, las bocas selladas anuncian ojos vidriosos.

Lidia, sin embargo, parece desconcertada. A su lado, el chico que había conocido la noche anterior permanece atento.

—¿Lo ves? Ahí estoy —señala con el dedo las minúsculas letras.

Ella lee la frase:

“Nuestro agradecimiento al pueblo de Cangas de Morrazo y en especial a Pablo, el camarero del restaurante Anuska, por su paciencia y los menús improvisados a deshoras”.

—Te lo dije —susurra ufano—. Salgo en la peli.

Las luces se encienden iluminando muchas caras largas y dos grandes sonrisas.

 

Andoni Abenójar

Una buena persona

Hugo se tragó con desgana la lasaña precocinada. Después recogió la mesita de la sala mientras pensaba en la conversación que había tenido con su jefe antes de salir del trabajo:

—Mañana a la tarde llega mi suegra, yo tengo una reunión, así que tendrás que ir tú a recogerla al aeropuerto. No te olvides de cubrir los asientos del coche, vendrá con los dálmatas.

—Claro señor Antúnez, yo me ocupo —contradiciendo a sus amables palabras, las manos Hugo eran puños dentro de los bolsillos (más…)

Como un Picasso en el desván

Todos los días, Ana bailaba durante horas ante la despierta mirada de su gato. Llevaba años esforzándose por mejorar la técnica. Había tenido los mejores profesores: famosos bailarines y prestigiosos coreógrafos. Todo ello, por supuesto, a través de los vídeos que encontraba en internet. Salía de casa solo si era estrictamente necesario, y una vez al año, en navidad, cuando se juntaba con la familia para interpretar su papel de frágil muñeca por el que tantos elogios recibía.

Vivía en un piso cuya estancia de mayor tamaño usaba como lugar de ensayo. Los espejos de aquella sala eran los únicos en los que no veía reflejados sus asimétricos y enormes ojos, ni la cara de angulosos rasgos. (más…)