Microrrelato

Relato seleccionado para Kultur Dealers

 

Kultur DealersHace unos días me dieron la noticia: uno de mis microrrelatos había sido seleccionado por el jurado para formar parte de la iniciativa Kultur Dealers.

Se trata de un programa desarrollado por la Diputación de Gipuzkoa que consiste en una selección de relatos, a manos de un jurado, que serán distribuidos a través de máquinas expendedoras situadas en distintos puntos del territorio. Estas máquinas expendedoras son gratuitas y estarán situadas en lugares estratégicos de tránsito y/o espera (estaciones, hospitales, centros culturales,…) para que cualquiera que se acerque a ellas pueda leer alguno de los relatos seleccionados. Basta con pulsar un botón y, de forma aleatoria, se imprimirá uno de los relatos que podrás leer cuando y donde más te apetezca.

A continuación (haz click donde pone: “más…”) os dejo el “pantallazo” de mi relato, extraído de la web de Kultur Dealers: http://www.kulturdealers.com/es/, que además ha sido seleccionado por el jurado, junto a unos pocos relatos más, para ser traducido al inglés y francés y distribuido también en esos idiomas. (más…)

Soy Víctor

Soy VíctorSe bebió el tercer whisky de un trago y miró la televisión de aquel tugurio en el que pasaba los días.

“Noticia de última hora desde el Hospital del Sector 7: tras haber sido anulado el recuerdo, el paciente ha despertado hace apenas una hora en estado amnésico. Ni siquiera recuerda su propio nombre”.

Era la noticia que llevaba días en boca de todos: la operación de un joven al que le iban a extirpar un doloroso recuerdo mediante una revolucionaria intervención quirúrgica.

Rechazó el whisky que le ofrecía la camarera, sacó la cartera del bolsillo y, al abrirla, observó las tres fotos de Sara que tapaban su carnet de identidad. La más reciente tenía un año: ella aparecía en la cama del hospital pero su sonrisa resplandecía como una gota de rocío a punto de ser engullida por la tierra. Deslizó a un lado las fotos y leyó su nombre en la tarjeta identificadora.

—Víctor García Marina —susurró.

—¿Me has dicho algo? —preguntó la mujer al otro lado de la barra.

—Soy Víctor.

Pagó, le devolvió la sonrisa a la camarera y salió del bar.

 

Andoni Abenójar

Ilustración de Laura Abenójar

Pertenencias

Pertenencias 2—Fue un harakiri limpio y completo —dijo Takeda a su señor—. Aquí tiene el cofre que desapareció anoche. En él introdujo su nota de despedida.

El señor leyó:

Las monedas de oro que llenaban el cofre ya no forman parte de tu fortuna. Son ahora el futuro de mi familia.  Ellos tampoco te pertenecen; ni Yuriko ni los niños. Están lejos. Mucho más allá de tus fronteras. Que mi sangre sea el precio de la deshonra.

Las lágrimas se deslizaron por el rostro del señor. Los vasallos comprendieron la decepción de verse traicionado por su mejor samurái. Él, ajeno a la condescendencia que le rodeaba, acariciaba en su bolsillo el collar que ella rechazó.

Andoni Abenójar

Ilustración de Laura Abenójar

Vértigo

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Asómate a mi mar.

Confunde su azul con el cielo.

Mar tranquilo y sosegado.

Mar eterno

               (Miguel Hernández)

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Tantas palabras huecas de eslogan de anuncio de seguros: “no te aferres al pasado”, “piensa en tu futuro”, “paciencia, todo va a mejorar”, “volverás a encontrar a alguien”,… Pero solo a ti te escucho.

Aquí estoy de nuevo ante tu invitación. Me acerco a ti, despacio. La visión del azul de tus profundidades, que anuncia riesgo a quienes ven aristas en las nubes, me aboca a la antigua calma de tu abrazo.

“Asómate a mi mar” me dices. Palabras llenas de tu mirada. Y asomado a mi locura —eso dirán cuando ya no pueda replicar—, te hago caso. Estoy tan cerca de ti que mis pies han dejado de tocar el suelo. Sentado en lo alto de la barandilla, al borde del acantilado, mantengo el equilibrio igual que vine al mundo: de nalgas. El movimiento pendular no acaba de decidirse por un lado de la balanza: el miedo a la caída y el deseo de caer.

“Asómate a mi mar”. Repites. Me acerco más, cierro los ojos y en el añorado vértigo, te beso, mar eterno.

Andoni Abenójar

¡PRIMER PREMIO EN EL 3º CERTAMEN DE RELATOS CORTOS ilustrados KAZETA-BAO!

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Anoche en el Bar Kazeta de Bilbao se llevó a cabo la entrega de premios del 3º Certamen de relatos cortos KazetaBao. Bajo el lema “Erotismo y sensualidad en Bilbao”. El reto consistía en escribir un microrrelato acompañado por una ilustración.

Después de un rato de nervios e incertidumbre compartido con amigas, también galardonadas, de la asociación literaria El espíritu de la Alhondiga, el conductor del evento anunció el plato fuerte de la noche: el primer premio del jurado.

And the Oscar goes to…

Y así fue que La columna 44, relato escrito por mi e ilustrado por mi amiga Amaia Ballesteros, se alzó con el galardón.

A continuación os dejo el relato e ilustración premiados.  (más…)

El olor de la granada

El olor de la granada5

Llevo meses encerrado. Hoy las paredes que me rodean apenas me dejan espacio. La tortura es intensa. Comenzó siendo burda, más obvia, menos dolorosa. Se asomaba, en aquella especie de tragaluces, una versión estática de ella. Su imagen me causaba una gran aflicción: hablaba de lo feliz que era antes y me recordaba todo lo que ya no podía hacer: viajar, reír, abrazar, jugar, amar.

Decidí tapar aquellas claraboyas con la esperanza de que dejaran de atormentarme, y, para mi sorpresa, así fue. Sin embargo las nuevas técnicas de tortura fueron aún peores. Un día al otro lado de la pared escuché nuestra canción. ¿Cómo podían conocerla?

Mi mente viajó a aquel aparcamiento cerca de la playa de Genoveses, en Cabo de Gata. La canción sonaba en la furgoneta y nosotros bailábamos fuera, ebrios de vino y amor. Sentía su piel cálida y salada, la miraba a los ojos sin atreverme a pestañear, sin apartar la mirada temiendo que, de hacerlo, ella fuera a desvanecerse. Una imagen fugaz que pronto se transformó en oscuridad y desconsuelo.

Repitieron este proceso varias veces durante las siguientes semanas. Pero lo peor estaba por venir. Ayer percibí un olor familiar. Era su olor (más…)

La sonrisa escondida

Mona Lisa 10Detrás, el paisaje con el lago y las montañas poseía una gran belleza, sin embargo, apenas perduraba como un recuerdo difuso, neblinoso. Ella prefería mirar al frente. Cada día, sus cansados pero ávidos ojos se deleitaban con las más hermosas obras: retratos de vivos gestos llenos de expectación, curiosidad o tristeza; perfectas danzas de cuerpos y miradas disfrazadas de sutil imperfección; poderosas notas al aire de una discusión disimulada o la suave melodía de unas palabras de amor susurradas al oído.

Pese a que no siempre discernía por completo el significado de lo que observaba, sentía que aquellos enigmas, formaban parte de su propio misterio.

Todas las noches se apagaban las luces y Lisa esperaba, inmóvil, en aquella pared imaginando las maravillas que disfrutaría al día siguiente. Cada mañana, cuando las luces se encendían, apretaba con decoro los labios intentando ocultar una sonrisa de curiosidad.

Andoni Abenójar