El último relato

Relatos ALEABILBAO 1Os dejo las primeras páginas de mi trabajo El último relato, un particular homenaje (aunque pueda parecer una venganza… Je, je, je) a estos últimos cinco años de taller de escritura. Forma parte de la antología coral Relatos ALEABILBAO 2016-2017.

Al estar el libro a la venta, aun no puedo publicarlo al completo en el blog.

Si quieres conocer el final de la historia y leer el resto de trabajos incluidos en la antología, puedes pedir tu ejemplar través de la web de ALEA en este enlace y, previo pago de 7 euros por libro, te enviarán a casa los ejemplares que desees. También es posible hacerse con un ejemplar directamente en Bilbao, en la librería Cámara (Euskalduna, 6), y a partir de la próxima semana en la librería Tintas (Alameda San Mames, 40).

No me enrollo más, si os tienta catar un anticipo de mi relato, seguid leyendo.

 

EL ÚLTIMO RELATO

No me gusta la gente. Ni una sola persona. No os imagináis la impotencia que provoca un sentimiento tan inabarcable. Supongamos, por ejemplo, que decidiera hacer algo al respecto: tomar cartas en el asunto. Podría, qué sé yo… enrolarme en el ejército. De este modo, aunque tendría el privilegio de eliminar gente de manera legal y sin tener que enfrentarme a engorros judiciales, me encontraría con la terrible contradicción de que mis compañeros también serían “gente”. Igual de despreciables que el enemigo y con los que me vería obligado a mostrar camaradería. No podría soportarlo.

No es fácil odiar a la gente y querer hacer algo al respecto.

Seamos realistas: ¿cuál es la probabilidad de que, a lo largo de mi vida, vaya a tener al alcance de la mano el botón rojo? Bastante inferior a una entre 7400 millones.

Es duro aceptar la imposibilidad de acabar con todos. Salvo milagros —el último se remonta al 1939 y no fue suficiente—, siempre habrá gente. Y nunca me gustará.

Asimilada la verdad tras una profunda reflexión que llevé a cabo hace ya cinco años; conocedor desde entonces de mis propias limitaciones, me propuse un enfoque constructivo.

Como en ese chiste sobre el maestro del East End londinense, decidí ir por partes. Indagué en las profundidades de mí odio priorizando motivaciones: ordené a la gente según el nivel de animadversión que me provocaba. Por supuesto tuve que centrarme en colectivos, de este modo podría enfrentarme a lo inabarcable de mi cruzada.

Comencé por descartar a los deportistas profesionales, en adelante, dicho colectivo debería agradecer esta decisión a los futbolistas y mi necesidad de agrupar.

También taché de la lista a políticos —confío en las futuras consecuencias globales de su ambición—, a enfermos graves de cualquier tipo; a militares y milicianos —apoyan, sin saberlo, mi causa—. En fin, una larga lista que dejaré de detallar, no lo considero necesario.

El resultado de este trabajo de priorización me llevó a una lista compuesta por mis más odiadas criaturas: varios colectivos artísticos, solidarios, de la salud,…

Finalmente di con el top 3 de mis particulares olimpiadas de odio. El resumen perfecto de años de rabia contenida. La medalla de bronce se la llevaron los runners y la plata fue para psicólogos y psiquiatras. Por fin había determinado cuál era el colectivo que más encendía mis deseos genocidas. La más odiosa de todas las criaturas ya tenía nombre y me iba a encargar de colgar en su cuello la pesada medalla que merecían.

Unos días después me apunté a un taller literario.

Estaba seguro de que en aquel hábitat, encontraría a lo más despreciable de la despreciable especie humana: los escritores.

Egocéntricos, artificiosamente etéreos, de profundidad prefabricada ­—lo único profundo que poseen son esas fauces con las que se devoran unos a otros para tratar de quedarse con su parte del “micropastel”—. Oteando siempre desde las alturas de un ego hinchado de gases nobles, condescendencia y falsa modestia. Incapaces de disimular el sentimiento de superioridad moral e intelectual. Haciendo creer al común de los mortales que poseen una sensibilidad inherente a su pretendida hondura de sentimientos. Siguiendo con tan manipulador fin los cánones de la buena literatura: de manera elegante y sugerida. Introduciendo, como en la película de Nolan, mediante ardides, esa idea en el resto de la gente. Provocando en sus mentes la ilusión de que ese pensamiento sobre la grandeza del literato les pertenece. Son considerados grandes observadores de la realidad, de lo visible y de lo invisible, pero yo os aseguro que va a ser especialmente placentero desmontar esta afirmación con los hechos que narro en este último relato…

 

Andoni Abenójar

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34 comments

  1. Hola…muy buen relato, este anticipo es prometedor 🙂 ok, confieso que le tengo miedo a tu misántropo. Para colmo se las tomo con los escritores :-/ cuídate de tu personaje XDD. Hablando en serio te felicito, espero leer más relatos por aquí pronto. Besos.

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    1. Yo también temo a ese misántropo que habita en mis personajes. Esperemos que no traspase a este lado de la existencia… 😉

      Muchas gracias por tus palabras, me tocaba hacer varias publicaciones sobre otros temas, pero en breve volveré a estrenar relato por aquí.

      Un abrazo.

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  2. Aupa Andoni. Como compartimos la misma pasión por las palabras y sus silencios y no quiero que se pierda la relación, aprovecho la ocasión para informarte de que estoy contactando con aquellos seguidores con los cuales he tenido algún contacto especial, para seguir leyéndonos y compartir la nueva web de “Ander one dream” que estamos a punto de lanzar. Como es fuera de WordPress necesitaría tu email para avisarte del lanzamiento. Va haber un montón de sorpresas nuevas. Gracias de antemano y un fuerte abrazo:)) Espero que nos leamos pronto!!

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  3. Tienes razón, Andoni. Los escritores son de lo peor, aunque compiten descaradamente con los lectores.
    Nosotros (lectores y escritores) sabemos donde nos aprieta el zapato y somos un peligro social.

    Hoy me acordaba de un poema que ahora no recuerdo sino estos versos:

    “El sueño del mundo muere, al morir el contador”-

    No puedo recordar a su autor y no lo encuentro en google, porque tal vez haya pifiado alguna palabra.

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    1. Sí. Puede haber envidia y frustración tras esa animadversión. O puede que vea reflejadas sus propias bajezas…
      Seguiremos intentando colorear el mundo con la imaginación 😉
      Gracias Estrella, por la visita y tus palabras (que tan bien defines en la última entrada de tu blog).
      Un abrazo.

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      1. Gracias a ti, Andoni, intento corresponder a todo el que pasa por mi blog y si me gusta lo que leo, me quedo.
        Últimamente no estoy muy activa pero supongo que es un parón temporal (mi musa se va de vacaciones con demasiada frecuencia.
        Un abrazo.

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  4. Eeeeehhhhh Andoni, vas a acabar con todos. Lo de dejar a los políticos que hagan su trabajo me dice mucho de tu inteligencia. Los escritores? Ya lo has dicho todo. Exterminarlos.

    Un abrazo Andoni.

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    1. ¡Aupa Fabian! Se me había quedado en el limbo este mensaje tuyo…
      Podríamos crear una nueva versión de los cazafantasmas pero dedicados a cazar escritores. Además nos serviría el mismo nombre: ¡cazafantasmas! Jajajaja
      Eskerrik asko ta besarkada haundi bat lagun!

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  5. Tus olimpiadas del odio me han convencido, yo también quiero odiar de una manera más solidaria. Mi indivualismo odiando es muy limitado, no es bueno.

    Sólo me queda, como único camino, ir a la librería Cámara a por ese último relato para poder empezar a odiar con convenci-miento…
    e iré 🙂

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    1. Puede ser así, puede que al revés… O puede que sea en ambas direcciones y ese toma y daca inescrutable entre escritor y lector sea lo que hace que la literatura sea algo mágico…
      Algún día publicaré el resto del relato, mientras el libro esté a la venta tengo que esperar.
      Muchas gracias por la lectura y tus palabras. Abrazo.

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  6. XDDD!!! ¡¡Genial!! En sentencias como… :

    [ “No es fácil odiar a la gente y querer hacer algo al respecto.” ]

    …es inviable no explotar en carcajadas.

    Me alegra reconocer mi no pertenencia al gremio; y aún con todo… va a haber que seguirte el pulso no sea que al final te nos acabes desbocando y algún que otro guionista colmado de gases monoatómicos aparezca “suicidado” en las inmediaciones del Nervión. Aunque mientras se trate solo del escenario virtual de tus escritos… -y nos sirvan para emitir alguna que otra risa más bien cómplice- …¡¡bienvenidos esos crímenes “altruistas”!!

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    1. ¡Jajajajaja!
      Que no tema ningún guionista de uno u otro lado del Nervión. Este “suicidador” se retiró después de los hechos narrados. Pero retirado en el sentido en el que son retirados los replicantes en Blade Runner… ya me entiendes. La onda expansi… ¡Ups! Ya estoy adelantando más de la cuenta, y el final del relato debe permanecer en secreto hasta nueva orden. 😉
      Gracias por la lectura y tu mensaje, Al.
      Un abrazo.

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      1. ¡Bien pues! Y… no sabes el peso que se quita uno de encima… -por si acaso-.

        Y nada de spoilers que al final repercute en las ventas.

        Así que… buena suerte y mejor puntería… -si cabe- …con tales fratricidios, brother. Porque… -para no caer en embustes- …me he sentido ciertamente reflejado de ese cuento; solo que… en calidad de protagonista -más que de víctima-; -(aún cuando a algunos ya se nos pasó la flema de intentar… “hacer algo al respecto”)- … … … 😦

        (+ Música de fondo de film de Hitchcock).

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      2. Brindemos por los psycho killers sin flema. Personas que convivirán el resto de sus vidas con ese sentimiento de impotencia y, a pesar de ello, seguirán adelante, pagando sus impuestos, procreando y simulando emocionarse al ver Titanic. Jejejeje 😉

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