Pertenencias

Pertenencias 2—Fue un harakiri limpio y completo —dijo Takeda a su señor—. Aquí tiene el cofre que desapareció anoche. En él introdujo su nota de despedida.

El señor leyó:

Las monedas de oro que llenaban el cofre ya no forman parte de tu fortuna. Son ahora el futuro de mi familia.  Ellos tampoco te pertenecen; ni Yuriko ni los niños. Están lejos. Mucho más allá de tus fronteras. Que mi sangre sea el precio de la deshonra.

Las lágrimas se deslizaron por el rostro del señor. Los vasallos comprendieron la decepción de verse traicionado por su mejor samurái. Él, ajeno a la condescendencia que le rodeaba, acariciaba en su bolsillo el collar que ella rechazó.

Andoni Abenójar

Ilustración de Laura Abenójar

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30 comments

  1. Es un bonito relato, pero un samurai jamás se haría el harakiri por su familia. Esta élite seguidora del código del bushido solo sirven a su señor.
    Esto es parte de su credo:
    No tengo parientes. Yo hago que la tierra y el cielo lo sean.
    No tengo hogar. Yo hago que el shintao lo sea.
    Por otro lado necesitan un ayudante para el suicidio japonés, y al contrario de las creencias nunca estaban solos.
    El suicidio ritual japonés o seppuku ya que harakiri lo consideran vulgar, solo se da sí el caballero samurai, siente que ha deshonrado a su señor o ya es demasiado mayor para luchar por el.
    De todas maneras me ha parecido un micro muy bonito. Espero que no te moleste mi explicación.
    Saludos.
    Haijin María.

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    1. No me molesta para nada y me encantan tus explicaciones. Te cuento mi idea a la hora de escribir el relato en relación a esos detalles que mencionas sobre el ritual muchos de los cuales conocía.
      Sobre el motivo del “seppuku” (no usé este término más fiel porque es menos conocido por aquí, pero efectivamente, como bien dices, lo normal sería que los personajes usen “seppuku”) el samurái del relato lo hace por haber deshonrado a su señor róbándole, no por su familia.
      Por otro lado, al no describir cómo ocurre el seppuku en el relato, doy por hecho que se realizó siguiendo el ritual, es decir, con un ayudante, pero no vi necesario detallarlo.
      Gracias por la lectura y por el comentario tan instructivo. Siempre un placer conocer más detalles.
      Un abrazo.

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  2. Por otro lado se me olvidaba, jamás resultaba limpio, el ayudante tenía que rajar hasta el esternón, antes a izquierda y a derecha, las tripas a veces se salían, otras solo con el gesto bastaba y el ayudante le cortaba la cabeza.
    También disponían de una pequeña bandeja entre sus rodillas para recoger los intestinos tras el tajo. Era muy doloroso y terrible.
    En fin que no era muy agradable de ver.

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    1. Al referirme a “un harakiri limpio” me refería a algo que casi nuca sucedía, y es que sin necesitar al ayudante: este samurái fue capaz de hacer los movimientos completos con todo el sufrimiento que conlleva. Ni siquiera necesito el golpe de gracia (decapitación) de manos del ayudante. Esa era mi idea, otra cosa es que no quede claro 🙂
      Gracias otra vez y un saludo.

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  3. Yo no me hago Harakiri ni de loca XD (¿por mi familia?) Me llevo el oro y me voy a dar la vuelta al mundo. Okno. Me encantó el relato, aunque por la traición esperaría una rabia tremenda. Aunque la rabia también saca lágrimas ¿verdad?

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    1. ¡Jajajajaja! Estoy de acuerdo, es más, no me haría el harakiri en ningún caso: no soportaría ver el suelo lleno de sangre sin ponerme a limpiar inmediatamente. Jajajaja
      Son lagrimas por el amor que se le ha escapado, no por la traición de su samurái. Hay cosas que el dinero y el poder no pueden comprar 😉
      Gracias por la visita y por tu comentario.
      Abrazo.

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  4. ¡Hola Andoni! Al margen de que el micro sea o no fiel a las tradiciones, creo que consigues lo que cualquier escritor pretende con un pequeño relato: contar una historia, condensarla en poco espacio y que provoque reacción en el lector. Sentimientos que son muy poderosos y que están por encima del deshonor, la desolación que provoca la traición y que conlleva el suicidio y por último la decepción, están perfectamente retratados en pocas líneas.
    Enhorabuena, genial microrrelato.
    Un abrazo muy fuerte.

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