Adiós mamá

Adiós mama

Al despertar, el olor dulzón a ron mezclado con tabaco le anuncia que ella está cerca. Simula estar dormido, pero no puede engañarla: es su madre.

Hola rata —Así es como le gusta llamar a su hijo.

Se incorpora. Ella está sentada en la mecedora junto a la cama. Con suaves movimientos bajo las frazadas se va alejando de ella, acercándose poco a poco al borde opuesto. Busca separarse a más de un brazo de distancia. Ella lo sabe.

Te vas a caer, ven con tu mami. —Los balbuceos no esconden la contradicción entre sus palabras y el tono hostil en el que las formula.

Obedece y se acerca. Sabe que, de no hacerlo, las consecuencias pueden ser peores.

Hoy he tenido suerte. He conocido a alguien con mucho dinero. Ya no voy a necesitar la limosna que traes. Me voy a… —un sonoro eructo y varias arcadas impiden que termine la frase. Vomita en el suelo y, con la cabeza colgando entre las piernas, se queda dormida.

Él aprovecha la ocasión para levantarse y vestirse a toda prisa. Sale de casa y camina por el empedrado en dirección a la ciudad. Amanece y se detiene ante las vistas: el mar de Liguria está en calma. Observa el gran puerto donde pasará el día tratando de conseguir algo de dinero que llevar a casa. En su rostro, entre cicatriz y cicatriz, la piel tirante de los hematomas más recientes le recuerda que los últimos días el sombrero no se llenó lo suficiente.

Cuando llega al puerto, la primera parada es la casa del prestamista. Llama a la puerta y espera a que se abra.

Ah, eres tú… Hoy vienes temprano —Vuelve a entrar en la casa, y un momento después aparece con un pequeño mono blanco—. Espero que vaya mejor que ayer. Últimamente apenas consigo beneficios, lo justo para dar de comer al animal.

El muchacho se dirige a la zona de embarque de los grandes buques de pasajeros. Allí, los viajeros forman tumultos que él trata de aprovechar para conseguir unas liras.

Observa la primera fila de gente. Esperan a embarcar en un enorme transoceánico con bandera canadiense. El mono le sigue de cerca, y cuando el muchacho lanza el sombrero al suelo, se detiene.

Comienza la primera función del día. El mono obedece las órdenes y asombra a los viajeros con difíciles piruetas primero,y extravagantes interpretaciones después. Para cerrar la actuación, un divertido baile y una elegante reverencia a modo de despedida.

La gente aplaude con ganas y las monedas comienzan a tintinear en el sombrero.

Actuación tras actuación, descubre que ese día la suerte está con él. No recuerda la última vez que reunió tantas monedas.

Tras una larga jornada, se disponen a actuar ante los pasajeros del último navío. Se trata de un barco con bandera argentina. Cuando van a comenzar, escucha una voz familiar. Al girarse, descubre que se trata de su madre. Ríe y habla sin parar y se acerca agarrada del brazo de un hombre elegante y mucho mayor que ella. El chico hace una señal al mono, que le sigue. Se ocultan tras unas cajas de madera y observa como su madre y el acompañante embarcan sin esperar a la cola.

Se quedan allí, ocultos, viendo el barco zarpar. El muchacho no lo pierde de vista hasta que ya sólo distingue una exigua mancha oscura en el horizonte púrpura. Cuando se convence de que el barco no volverá, salen de su escondrijo.

Paga el porcentaje al prestamista y se despide del mono. Cuando va a salir de la casa, se gira. Su magullada cara resplandece y sonríe.

¿Cuánto pides por Amedio?

El equivalente a treinta días como este y es todo tuyo.

Un largo camino le espera, pero por primera vez, está deseando llegar a casa.

Andoni Abenójar

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19 comments

  1. Después de leer la antihistoria del pobre Amedio (hoy estaría el relato censurado por los animalistas por maltrato figurado) y Marco (mientras escribo esto hubieran enviado un asistente social al domicilio del autor), espero impaciente la narración en la que Espinete es sodomizado por Don Pimpón en la trastienda de la panadería de Txema o cómo Willy Fog contrajo una ETS en sus bacanales con ratas y ratones de por medio.
    Buen relato para no creernos todo lo que nos digan. Enhorabuena Andoni!

    Le gusta a 2 personas

    1. Aunque el relato se esconde tras esa apariencia de parodia de aquella serie de dibujos animados, es uno de los más duros que he escrito. Gracias una vez más por visitarme y dejar tus comentarios.
      (a mi me gusta el tuyo).
      Abrazo.

      Me gusta

    1. Los “Marcos” de ambas realidades paralelas sufren (de distinta manera), pero ambos acaban liberándose de su angustia.
      Tengo un difuso recuerdo de cuando era pequeño y veía aquel anime. No comprendía el motivo de que la madre se fuera a trabajar a Argentina dejando en Italia a su hijo… Así que en este relato me apetecía darle el papel de villana total, para que no quedase duda… Jejejeje
      Abrazo y a disfrutar!

      Me gusta

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