Mes: febrero 2016

Como un Picasso en el desván

Todos los días, Ana bailaba durante horas ante la despierta mirada de su gato. Llevaba años esforzándose por mejorar la técnica. Había tenido los mejores profesores: famosos bailarines y prestigiosos coreógrafos. Todo ello, por supuesto, a través de los vídeos que encontraba en internet. Salía de casa solo si era estrictamente necesario, y una vez al año, en navidad, cuando se juntaba con la familia para interpretar su papel de frágil muñeca por el que tantos elogios recibía.

Vivía en un piso cuya estancia de mayor tamaño usaba como lugar de ensayo. Los espejos de aquella sala eran los únicos en los que no veía reflejados sus asimétricos y enormes ojos, ni la cara de angulosos rasgos. (más…)

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La habitación blanca

La habitación blanca2Adela coge la mano de su marido con dulzura. En la habitación blanca solo se escucha el sonido del respirador, sin embargo, silenciosos gritos flotan cargando el aire de impotencia. Abre la ventana para ventilar la habitación con la ingenua esperanza de que esto también le ayude a oxigenar la conciencia, o al menos aliviar parte de la carga. Observa un azul sin resquicios pintado en el cielo. Mira su anillo de oro y ve nubes negras. Vuelve a acercarse a la cama en la que reposa lo que queda del hombre con el que había compartido los últimos treinta años. Se fija en las manos, antes fuertes y cálidas. Parecen débiles y frías; como todo en aquella habitación. Cuando llega su hija Irene, se funden en un abrazo y lloran.

—Mi niña —acierta a pronunciar Adela entre sollozos (más…)

En un parpadeo

En un parpadeoAgosto no es el mejor mes para disfrutar de las vacaciones. Todo es más caro, y las aglomeraciones pueden llegar a ser insoportables. Sin embargo, como cada año, estábamos eligiendo a la persona que debía quedarse manteniendo las constantes vitales de la empresa. Nadie quería ser elegido: pese a no ser un buen mes, en agosto resulta más fácil encajar planes con otras personas.

En esta ocasión tan solo éramos tres candidatos —los que, hasta el momento, nunca nos habíamos quedado en agosto—. Formábamos un triángulo rodeado por el resto de compañeros cuyas miradas, entre morbosas y sádicas, se centraban en los tres puños cerrados que marcaban el centro del círculo.

Las miradas comenzaron a bailar de un lado a otro, tratando de buscar las respuestas que nuestras manos y bocas ocultaban. En mi cabeza comenzaron a sonar las primeras notas de The ectasy of gold de Morricone. Hice mis elucubraciones con el objetivo de que ellos fuesen el feo y el malo. En el puño (más…)

Área de descanso

Era un día lluvioso en la autopista entre Zaragoza y Logroño. Ella disfrutaba de cada curva y no dejaba de jugar con la palanca de cambios. El cinturón de seguridad le molestaba, pero no quería correr riesgos. La carretera estaba cada vez más húmeda, y la goma resbalaba a ratos con el piso produciendo en ella una vertiginosa sensación de pérdida del control.

Después de un tramo sinuoso y lleno de cambios de rasante, ascendió una gran pendiente cuyo final parecía no llegar. Hacía fuerza con brazos y piernas, como si quisiera acelerar la llegada. Poco a poco alcanzaba la cima al límite de sus revoluciones. Cuando coronó las alturas, su cuerpo se relajó y disfrutó de una suave y recta cuesta abajo.

En aquella área de descanso, ella y su acompañante, un autoestopista irlandés, se dieron cuenta entre jadeos de que se les había roto el preservativo.

Treinta años después, Álex, del equipo de mantenimiento de carreteras, detiene la mirada por unos instantes en cada área de descanso y maldice su pelo rojo. Lo hace cada día, desde que su madre le contara la verdad.

 

Andoni Abenójar